domingo, 2 de abril de 2017

Invernadero Andino: un diseño regional para tener verdura todo el año

En Las Flores, Iglesia, la familia Iacopino construyó el modelo de invernadero para altura y tienen verduras durante todo el año. Para imitar. Por Viviana Pastor.

En medio de un campo verde donde pastaba una vaca y tres caballos, se levanta una construcción de barro con un diseño especial. Se trata de un invernadero andino pensado  para zonas de alta montaña donde el frío impide la producción de vegetales en invierno.

Antonio Iacopino lo construyó hace tres años para lograr el autoabastecimiento de verduras para su familia, como parte de una filosofía de vida que lo trajo a San Juan directo desde Chicago, EEUU, para radicarse en la localidad de Las Flores, en el departamento de Iglesia. Este valle, al pie de la Cordillera de los Andes, está a una altura aproximada de 1.400 msnm.

Iacopino explicó que en ese departamento, los cultivos que pueden desarrollarse con huertas tradicionales son exclusivamente en primavera–verano, dada las bajas temperaturas del invierno, que en algunos casos llega a los -10°C. También las heladas tempranas y tardías ponen en peligro el desarrollo normal de los cultivos. Sumado a esto, las precipitaciones son escasas, entre 50 y 100 mm anuales, por lo que el agua para riego depende del deshielo en las altas cumbres.  Esto presenta un gran desafío y preocupación para los agricultores debido al "mal estado de los canales de riego” y a la gran demanda durante el verano, cuando el caudal de agua escasea. Por eso en invierno y parte de la primavera, los habitantes de Iglesia compran las hortalizas en los comercios locales que provienen del Gran San Juan, y que llegan más caras  debido al gasto de transporte de los comerciantes.

Pero a partir de este cultivo bajo cubierta, la familia tiene verduras todo el año.  "Este invernadero va a cumplir tres años y cada día vamos aprendiendo nuevas maneras de maximizar el espacio para producir la mayor variedad de hortalizas. En este momento mi esposa Lila, quien es quien cuida del invernadero, tiene zapallos zuchinis, perejil, cilantro, albahaca, acelga, lechuga, berenjenas, morrones, frutillas, tomates, romero, y pepinos”, contó Antonio.   

¿Cómo son estos invernaderos?

Estas construcciones han sido diseñadas por el INTA especialmente para la puna y sectores climáticos andinos y tienen características particulares, entre otras cosas tienen paredes de adobe y parte del techo de chapa transparente. 

"Entusiasmados con la posibilidad de implementar una técnica diferente de bioconstrucción levantamos las paredes con superadobe, que es básicamente tierra húmeda compactada dentro de ‘chorizos’ largos de bolsas de papa sin coser. La tierra se compacta de la misma manera que se hacen las tapias y cada dos chorizos se ponen dos tiras de alambre de púas”, señaló.  (Ver imagen)

Agregó que además de las paredes de adobe, el invernadero andino lleva una cámara de aire refrigerante, que es una franja ciega dentro de la construcción que se orienta al sur, no lleva techo traslucido y se conecta al invernadero con pequeñas ventanas que hacen el traspaso de temperatura y humedad. "Esta cámara además sirve de depósito y en nuestro invernadero criamos lombrices californianas en este sector oscuro y más húmedo las cuales nos ayudan a mejorar la tierra con humus cuando replantamos”, explicó Iacopino. 

Antonio conoció el sistema en el 2012, cuando lo vio en funcionamiento en el prototipo de invernadero andino en la escuela Ricardo Guiraldes, de Tudcum, con la producción de hortalizas proveniente de la colección de semillas del Prohuerta. "Luego de visitarlo y validar su funcionamiento decidimos ponerlo en práctica en nuestra finca pero el costo de construcción era un impedimento”, señaló.

En el 2014, cuando la Secretaria de Agricultura  de la Provincia  hizo una presentación en el Nodo Turístico de Pismanta para incentivar la creación de invernaderos en la provincia, se hizo más cercana la idea de su construcción ya que el Ministerio aportaba fondos para invernaderos. "Inmediatamente nos pusimos en marcha y presentamos la propuesta de construir un Invernadero Andino y todos los requisitos necesarios”. 

La unidad productiva de la familia Iacopino, "Volver a la Fuente”, incluye la promoción de turismo rural ofreciendo hospedaje y compartiendo su estilo de vida con los visitantes. 

"El invernadero nos brinda la oportunidad de hacer prácticas y enseñarles a los turistas y voluntarios sobre las bondades de los cultivos orgánicos.  De este modo anhelamos volvernos un ejemplo vivo del cuidado del medio ambiente, ya que la huella ecológica y el impacto ocasionado por el transporte de vegetales a esta zona tan alejada disminuyen notablemente.  Por otro lado, puede ser un modelo a seguir que inspire a otros en esta región para fomentar la sustentabilidad económica y el fortalecimiento de hábitos alimenticios saludables y variados durante todo el año”, aseguró Antonio.

Como filosofía

"Con mi esposa, mi hermano y nuestros respectivos hijos, al igual que muchas familias que nos rodean y mantienen estas prácticas de autogestión alimentaria con más o menos consciencia de lo que esto implica ecológica, ambiental y políticamente, nos sentimos muy lejos de ser autosuficientes.  En mi caso se reduce solamente a un sentimiento de libertad profundo de la mano de un lujo exquisito. El hecho de poder sentarme a la mesa y ver que el pan fue hecho por las manos de mis hijas y horneado en casa con harina que se produce en nuestro valle, que la leche del desayuno fue ordeñada por mis manos de la vaca que tanto me hace renegar, que la ensalada del mediodía tiene nuestros tomates y lechugas, o que la tarta es de la acelga que cosechó mi esposa o de los zapallitos que me regalo don Enrique Poblete mi apreciado vecino, o los porotos me los vendió don Trigo que vive a uno 300 metros de casa y todavía siembra con más de 80 años en sus hombros.  Todo eso me hace sentir un hombre rico, no me interesa viajar a otro lado, subirme a un avión ni navegar en un yate. Ese sentimiento no me lo da el último iPhone, ni una campera o par de zapatos nuevos, ni siquiera cuando cambio el auto por uno mejor me siento tan feliz.  Ver la mesa así servida me llena el pecho de orgullo y me recorre por el cuerpo ese sentido de la libertad del que hablaba antes. Algo así me pasa cuando mezclo arcilla, paja y arena que recojo del entorno, le agrego un poco de guano de caballo y lo uso para construir mi casa, o uso piedras o troncos de la zona”.

Nota en el Diario de Cuyo

Los Iacopino, de Chicago a Las Flores sin escala

Buscando un sueño, la familia se vino a San Juan dejando la seguridad del primer mundo. Hoy viven respetando su propia filosofía, sin internet y sin televisor. 

Por Viviana Pastor.




En 4 hectáreas cabe el paraíso. Es el cielo en la tierra de la familia Iacopino, en la zona de El Jarillal, en Iglesia. Hasta allí llegaron desde Chicago, EEUU, para concretar su sueño.
El lugar es mágico, rodeado de vegas verdes, un bosquecito de álamos, dos vertientes y varios sauces centenarios. Allí cultivan sus propias verduras en vivero y crían gallinas, ovejas, caballos, llamas y hasta su propia vaca. Ninguno de estos animales se comen, los Iacopino son vegetarianos; y todo el cambio que significó pasar de vivir en una gran ciudad del primer mundo a vivir en el campo tiene que ver con su filosofía de vida.
Antonio Iacopino, su esposa Lila, y sus hijos Jiva, Ananda y Bali, son los protagonistas de esta historia de película. Antonio nació en Pilar, provincia de Buenos Aires, Lila nació en Ohio, EEUU, al igual que los chicos, ya que se conocieron y casaron allá. Antonio se fue de Buenos Aires a los 18 años y vivió 3 años en Alemania y España. Después se fue a la India donde vivió varios meses y de ahí pasó a EEUU, "en 10 días conocí a mi esposa y nos casamos”, dice como si fuera lo más común.
Pronto empezaron a amasar la idea de vivir en el campo, pero allá comprar tierra es muy caro, además el estilo de vida rural es muy diferente al de acá. "Allá la gente del campo es mala, fanática religiosa, te avanzan con armas, acá la gente es buena”, asegura el padre de familia.
"Fue un pase directo de Chicago a Las Flores. Allá tenía todo armado, era profesor titular en la universidad. Pero con mi esposa teníamos el sueño de vivir más cercanos a la naturaleza y menos dependientes de los intermediarios para todo. Yo me sentía como el ratoncito saliendo de una casita cuadrada a buscar el queso y traía el queso a la casa y cada tantos meses salir a pasear un rato. Pero quería hacer mi casa, mis alimentos, mi destino. Nos sentíamos con un compromiso social y ambiental, nos daba la sensación que todo parecía demasiado fácil pero detrás de esa facilidad hay un gran precio, social, político, gente sufriendo en todo el mundo. Solo por alimentarnos teníamos un metro cúbico de basura por semana, porque todo viene empaquetado. No estábamos contribuyendo de manera positiva con las cosas que consideramos importantes, nuestra casa y todo el planeta. Nos daba una especie de angustia y amargura, te pones amargo, cínico, yo me ponía muy cínico, muy amargado, y te das cuenta que es muy poco lo que podes cambiar y aunque te quejes estas siendo participe y recibiendo los beneficios de ese sistema en el que estás. Decidimos poner en práctica lo que decía Mahatma Gandhi: "Trata de ser el cambio que quieres ver en el mundo", no solamente renegar, criticar o soñar y seguir viviendo como el que está de acuerdo con eso. Pusimos en orden nuestras mentes y corazones y es como mágico, cuando te aclarás y el deseo es sincero, las cosas se empiezan a manifestar de forma muy natural. Una vez que te embarcas vienen los desafíos, la cosa empieza ahí y pones a prueba si tus valores son reales o solo eran intelectuales. No fue fácil para nosotros", cuenta Antonio.

Reconoce que hay muchas cosas que perdieron, espectáculos o mejor educación para sus hijos, pero cuando ponen todo en la balanza el saldo sigue siendo positivo.
¿Cómo llegaron a San Juan? "Mi hermano Felipe vivía acá, en Rodeo, y él me buscó la tierra y consiguió esta finca. Vendimos todo allá y nos vinimos”, dice.
Lila habla bien el castellano, pero con la pronunciación marcada de su lengua madre, el inglés. Ella comienza a responder tímidamente, pero poco a poco va tomando coraje. "Lo estaba escuchando y como él dijo, nuestro sueño era una vida simple en la naturaleza. Todo el tiempo que estamos allá y nunca fue posible porque es carísimo, no podíamos comprar tierra. Cuando nos casamos vinimos en diciembre de 2000 por primera vez a la Argentina, a Pilar, y yo pensaba: 'nunca, nunca, nunca vamos a mudarnos a vivir acá, es de terror, estamos mejor allá. Mucha polución y ruido y las cosas no funcionan, estamos mejor allá. Cuando vinimos acá a San Juan, en el 2009, fue como visitar otro planeta, mi única idea de Argentina era Buenos Aires, pero cuando llegamos a San Juan yo no experimenté como eran las provincias del interior y estaba wowww... otro mundo. Inmediatamente pensé: yo puedo proyectarme vivir acá toda mi vida y la finca fue como 'este es nuestro lugar', y estoy convencida de eso", cuenta emocionada Lila.

Tuvo que asumir rápido el "es lo que hay" que era el dicho de la gente de la zona. "Fue un tema para mí, allá es todo artificial, los 365 días del año encontrás todas las verduras, acá sólo comemos lo que hay de la estación. Tenemos espárragos silvestres, es la cosa más fantástica, vas caminando y sacando del bosquecito y solo comemos en su época y no hay más en todo el año. Tenés una apreciación por las cosas cuando es auténtica y es lo que buscamos, una vida autentica. Eso queríamos para los chicos, criarlos en un ambiente auténtico, no artificial y desarrollar la apreciación por eso. El hace mermeladas y dulces caseros, ella y su hermana hacen pan, galletas, cuando la vaca tiene leche hago quesos, yogur, y tenemos una vida auténtica como es nuestro sueño", dice Lila.
Antonio interrumpe: "El primer año acá estaba yo sin trabajo, ahora soy profesor de inglés de la escuela agrotécnica, pero al principio estaba difícil y tenía aún mi puesto allá. Y le dije a ella, vamos a volvernos, allá tenemos todo solucionado y fue por ella que nos quedamos, estaba determinada".
-¿Es verdad que se conocieron y a los 10 días se casaron?
-Sí, el 18 de agosto lo conocí y nos casamos el 2 de septiembre. Es una historia demasiado larga, dice Lila.
-La vamos a dejar con la intriga, agrega Antonio.
Para los chicos el cambio se sintió diferente. El tema de venirse a San Juan se había hablado con ellos, pero... "es muy distinto venir de vacaciones que venir a vivir", aclara Jiva. Cuando se vinieron definitivamente, en el 2011, la mayor tenía 11 años y fue la que más sufrió ya que dejaba su mejor amiga. Ananda tenía 8 años y Bali, 5.
"Fue un cambio muy fuerte. No era exactamente lo que esperaba. Cuando estaba en Estados Unidos pensaba que iba a ser una típica chica de campo, me iba a levantar en las mañanas a ordeñar la vaca y no fue tan así. No cambia una persona el lugar donde vivís. Creo que soy bastante lo contrario a una chica de campo (risas). Mi hermana sale a andar a caballo y yo me quedo adentro cocinando, leyendo. El tema social fue algo que hasta el día de hoy... siento que todavía no terminé de encajar del todo, pero hace 5 años y medio que estamos acá y te acostumbrás a todo. Pero también siento que si estuviera viviendo en otro lado no estaría cerca de mi familia, la relación con mis hermanos, acá para pasar el tiempo tengo a mi hermana. Lo que más extraño de Estados Unidos es mi mejor amiga, seguimos en contacto por email y whatsapp pero después de estos años seguimos siendo mejores amigas. Después extraño hablar inglés con todo el mundo, acá en mi casa solo hablo inglés", dice Jiva en perfecto castellano y hasta tonada sanjuanina.

Cuando termine la secundaria, Jiva se irá un año a visitar a su amiga en Estados Unidos y luego a otros amigos en Europa. Después volverá a estudiar a San Juan, Diseño Industrial. "Siempre digo que si me voy lo que más voy a extrañar es la vista de este cielo, pero aparte de eso, no sé. La casa nueva (que está construyendo Antonio) es impresionante pero voy a poder vivir poco tiempo ahí", asegura.
Además de hablar inglés en su casa, a las chicas las ayuda a mantener su primera lengua las visitas extranjeras que tienen durante todo el año por el programa de voluntariado en el que participa la familia. Ofrecen casa y comida a los jóvenes dispuestos a trabajar y aprender sobre bioconstrucción.
Antonio dice que cuando llegaron la vieja casona estaba destruida y nada funcionaba. Tuvieron que trabajar muchísimo para seguir adelante, en pocos meses se mudarán a la nueva casa que diseñó y construye él mismo con el concepto de bioconstrucción.
Luego cuenta que Ananda en EEUU no iba a la escuela, estudiaba con el sistema de Home School, educación en el hogar, y acá fue la primera vez en su vida que entró a una escuela y sin hablar castellano. "Lo único que decía era agua. Eso en agosto y en 3 meses hablaba perfecto y sacó un diploma. Terminó la primaria con 9,98 de promedio, abanderada. Los primeros 15 días iba a la escuela con ella y me sentaba al lado para traducirle porque no entendía nada", dice su papá orgulloso.
El acento de Ananda es diferente, casi porteño. "Aprendí español bastante rápido y ahora me va bien. Yo no extraño mucho de Estados Unidos, a veces tener un poco más de cosas cerca, salir, pero para mí está mejor acá en el campo. Me gustan los animales y tengo una yegua negra, India. La casa nueva esta buena, es bastante artística, aunque para mí hay demasiadas botellas”, dice en tono burlón y hace reír a su madre. "Viviendo acá podes aprender construcción, ayudar con los revoques. Tengo muchos amigos, mi curso son todos muy buena onda y nos llevamos bien. Me gustaría estudiar Director de Cine, ahora que se puede estudiar en San Juan, está cerca", cuenta la hija del medio.
Bali, el más chico, estaba de paseo en la casa de sus primos, en Rodeo, cuando se hizo esta nota.


Las chicas dicen que no les pesa no tener televisión en la casa porque tampoco tenían en Estados Unidos. "Para mí es mejor", asegura Ananda, "tenemos teléfonos para comunicarnos con el resto del mundo, pero acá no hay señal, hay que ir hasta la estación de servicio".

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Desconectarse es un lujo... el cual ejercitaremos!

En las escuelas Waldorf no hay televisores, libros de textos, ni PC, sólo tiza y pizarrón, los niños aprenden a tejer, coser y hornear pan y hacen sus libros.  En estas escuelas recién se enseña informática a los 13 años y a leer a los ocho. 





La Waldorf School de Peninsula, en California, es una de las escuelas privadas que eligen los hiperconectados empleados de Google, Apple y otras empresas de punta de la computación para que sus hijos se eduquen alejados de todo tipo de pantalla, según un informe del diario Le Monde sobre una nueva tendencia tech: la desconexión.


Tres cuartos de los alumnos inscriptos en la Waldorf son vástagos de personas que trabajan en el área de las nuevas tecnologías. "La gente se pregunta por qué profesionales de la Silicon Valley, entre ellos algunos de Google, que parecen deberle mucho a la industria informática, envían a sus hijos a una escuela que no usa computadoras", comentó Lisa Babinet, profesora de matemáticas y cofundadora de la escuela primaria, en la conferencia anual Google Big Tent.

El periódico francés recoge el testimonio de uno de estos padres: Pierre Laurent, que eligió esta escuela porque cuestiona la tendencia actual a equipar en informática a las clases desde una edad cada vez más temprana. "La computadora no es más que una herramienta. El que sólo tiene un martillo piensa que todos los problemas son clavos", dice. "Para aprender a escribir, es importante poder efectuar grandes gestos. Las matemáticas pasan por la visualización del espacio. La pantalla perturba el aprendizaje. Disminuye las experiencias físicas y emocionales".

En la Waldorf esa limitación no existe: se aprende a sumar y a restar dibujando o saltando a la cuerda. Consultado acerca de si no le preocupa que sus hijos estén en desventaja por este retraso en el uso de la PC, Laurent responde: "No sabemos cómo será el mundo dentro de 15 años, las herramientas habrán tenido tiempo de cambiar muchas veces. Por haber trabajado 12 años en Microsoft, sé hasta qué punto los softwares son preparados para ser del más fácil acceso posible". También recuerda que todos los alumnos de la Waldorf tienen computadora en sus casas. La cuestión se reduce entonces a decidir cuándo levantar las limitaciones a su uso.

Richard Stallman, el gurú del software libre, trabaja desconectado: "La mayor parte del tiempo no tengo Internet. Una o dos veces por día, a veces tres, me conecto para enviar y recibir mis correos. Releo todo antes de enviar".

Así como por un lado muchas personas sufren de nomofobia, es decir el miedo a no estar conectado (teléfono, Internet, etc.), otros ya empiezan a dar la vuelta y a recuperar el placer de la desconexión. Fred Stutzman, investigador de la Carnegie Mellon University, desarrolló incluso un programa llamado Freedom que bloquea el acceso a Internet durante 8 horas seguidas, obligando a reiniciar la computadora para reactivar el servicio. Deseoso de poder escribir sin distracciones, también diseñó Anti-social, un software que permite el acceso a Internet pero sin diversiones tales como Facebook y Twitter. "Las computadoras se han convertido en máquinas de distracción. Hay que equiparse hoy de funcionalidades que las devuelvan a su rol de máquina de escribir", dice. "Es una forma de comprar tiempo".

Sherry Turkle, del Instituto de Tecnología de Massachussets (MIT, por sus siglas en inglés), autora del libro Alone Together (Solos juntos), dice que mirar sus mails o SMS frente a otros puede ser tan contagioso como un bostezo: "La gente pasa 90% de su tiempo de trabajo con los mails, y en su casa envían SMS estando a la mesa".

El informe de Le Monde pronostica que cada vez habrá más gente pidiendo asistencia para desonectarse. No es un fenómeno de masas, sino más bien una tendencia minoritaria que involucra más bien a los sectores más acomodados. "Algunos tienen el poder para desconectarse y otros, el deber de permanecer conectados", dice el sociólogo Francis Jauréguiberry, que investiga el tema. Los "pobres" de la tecnología son los que no pueden eludir la responsabilidad de responder de inmediato un correo electrónico o un mensaje de texto. Los nuevos ricos, por el contrario, son aquellos que tienen la posibilidad de filtrar e instaurar distancia respecto a esta interpelación. Lo mismo, dice Jauréguiberry, pasó con la televisión: el sobreconsumo es cosa de las clases populares.


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La educación Waldorf ha sido una guía e inspiración para la formación de nuestros chicos.  Jiva, nuestra hija mayor, asistió a Waters Edge, una escuela Waldorf en las afueras de Chicago y los más pequeños iniciaron su educación con el programa de la educación Waldorf para el hogar, para lo cual Lila, mi esposa, se preparó con las clases de pedagogía de Rudolf Steiner.

Hoy en día a pesar de estar lejos de usar este modelo educativo aún así conservamos varios de los principios que hemos aprendido de ellos para educar a nuestros niños.  El artículo que compartí me parece muy oportuno ya que en unas semanas estaremos viviendo en nuestra finca donde no tendremos acceso al internet y como siempre planeamos seguir sin TV.  Me alegra reivindicar nuestra convicción que desconectarse es un lujo y lanzándonos a esta nueva etapa de nuestra aventura en nuestro intento de Volver a la Fuente.

martes, 31 de julio de 2012

Hoy hace un año que llegamos a Argentina

Ya pasó el primer año de nuestra aventura en este remoto lugar en la T/tierra.  Siento que aún me estoy orientando. Es un sentimiento un poco extraño pero no del todo desconocido. La no pertenencia y el desarraigo me acompañan desde hace muchos años pero ya no es algo que reniego, combato ni me resigne, por el contrario, voy aprendiendo a apreciarlo. Pero debo admitir que pensé que el hecho de estar en el país donde nací, hablando mi lengua materna, y cerca de seres queridos iba a congeniar rápidamente y de forma natural con el entorno y en verdad no ha sido tan así. Aún me siento como una rana de otro pozo pero de una manera muy diferente a como me sentía en los Estados Unidos. El pozo aquí se siente real... ya no es como vivir en una palangana, limpia, eficiente, vistosa, artificial.

Mis convicciones ideológicas a veces son sacudidos por la realidad que vivo. Pienso que no son mis valores o ideales los que temblequean sino la falta de valor a comprometerme a pleno y sin ambiguedades. Los miedos parecen siempre mutar, sacar nuevas cabezas o colas puntiagudas pero a medidas que los voy confrontando veo que no son mas que creaciones de mi mente o la mente histórica que he heredado de generaciones pasadas y gradualmente se desvanecen o en el peor de los casos se re-acomodan.

 Hasta el momento las necesidades económicas siempre han sido cubiertas. Innegablemente con ayuda de mi hermano y su familia y al hecho que nuestra forma de vida es muy frugal y poco ambiciosa. No obstante, en el fondo de mi interior siento el cosquilleo de la incertidumbre.  Por otro lado, también siento la confianza que todos los pasos que nos condujeron hasta aquí fueron guiados por la luz y que esa misma luz nos seguirá encaminando y porqué no proveyendo? Mis esfuerzos fallidos de dar manotazos de ahogado me llevan a navegar con más calma enfocando mis energías en el plan original de poder aminorar nuestra dependencia con los terciarizadores de servicios y productos.

 El lema "volver a la fuente" sigue tocando las puertas de mi corazón pero en reiteradas ocasiones lo siento como algo más allá de mi capacidad, casi como un objetivo utópico e inalcanzable, pero luego me encuentro con la tierra generosa, el agua abundante, el cielo límpido y despejado, el sol incansable, las montañas robustas e incontenibles, la gente simple y nuevamente me reconforto con el convencimiento que hay mucho por ganar al intentar vivir la vida autenticamente y alineada a mis ideales... tal como dice la canción: "La renta, el sueldo, el trabajo en la oficina, lo cambie por las estrellas y por huertos de harina, me escapé de la rutina para pilotear mi viaje por que el cubo en el que vivía se convirtio en paisaje. Yo era un objeto esperando a ser ceniza un día decidí hacerle caso a la brisa, a irme resbalando detrás de tu camisa no me convenció nadie, me convenció tu sonrisa y me fui tras de ti persiguiendo mi instinto si quieres cambio verdadero pues camina distinto..."

Y el futuro? "...yo espero que mi boca nunca se calle, también espero que las turbinas de este avión nunca me fallen, no tengo todo calculado ni mi vida resuelta solo tengo una sonrisa y espero una de vuelta. Yo confío en el destino y en la marejada, yo no creo en la iglesia pero creo en tu mirada..."

El futuro lo percibo como mucho más que una jubilación cómoda asegurada, la educación universitaria para mis hijos, o una casa paga. El futuro es un continuar de un presente pleno, un ramillete de experiencias genuinas, el amor construido basado en la confianza en uno mismo y en la ayuda mutua de quienes nos rodean para que exploremos nuestros sueños y sus posibilidades. El futuro es otra aventura.

En solo dos meses nos mudaremos para vivir en la finca. Allí el ambiente, el entorno y las actividades nos abrirán un nuevo capítulo en este viaje mítico. En cuanto a lo recorrido, quiero agradecerle a muchas personas pero en particular a mi esposa Lila quien ha sido un pilar más fuerte de lo que nunca hubiera imaginado. A mi hermano Felipe, quien ha sido mi mejor amigo, apoyo y ayuda. A mis hijos, Jiva, Ananda y Bali por sobrellevar con alegría, respeto y atención todos los enormes cambios y desajustes en sus vidas y al modo de ver y hacer en el mundo. A mi querida amirmana Gandini por estar pendiente de nuestro bienestar y estar entre nosotros más allá de la distancia.  A Dios por aún estar presente o al presente por aún estar en Dios, o bien a la simple magia que se manifiesta en todo lo que nos pasa.


jueves, 5 de abril de 2012

Un Lugar en el Mundo

Esta película es una hermosa poesía. Si no la han visto, véanla! Si la han visto ya me entenderán... "Hay cosas de las que uno no puede olvidarse, no tiene que olvidarse...aunque duela"


miércoles, 28 de marzo de 2012

Salidas guiándo a turistas y amigos que nos visitan

Estos son algunos de los lugares que llevamos a visitantes, turistas y amigos. Hoy fui por primera vez a La Rioja para dejar a una pareja en Villa Unión. Me encantaron los paisajes de las montañas con un rojo intenso y el acento de la gente en La Rioja es muy diferente al de los sanjuaninos.

jueves, 1 de septiembre de 2011

Conociendo los alrededores

La semana pasada hicimos dos paseos. Primero estuvimos buscando unas cuevas. Luego de caminar y entrar a arias cuevas pequeñas dimos con una cueva grande con ayuda de un lugareño. Esta cueva tiene poco más de un kilómetro y la recorrimos por dentro con linternas. Todavía nos quedan muchas por recorrer. Estas que visitamos son de las más largas en el país con formación de arcilla. En la cordillera hay otras con formación rocosa. Este es un artículo que encontré sobre estas cuevas para quien guste informarse sobre el tema. Y estas son las fotos de nuestra expedición a la Cueva de la Liebre.


Paseo por el dique Cuesta del Viento. Este lugar está a diez minutos de casa frente a las cuevas. Es aquí donde se practica windsurf y kitesurf además de pesca y paseos.