Reflexiones de un Bioconstructor
3 y 4 de mayo de 2024, Las Flores, San Juan, Argentina.
Día de la Chakana en el que se abre el portal de la constelación de la Cruz del Sur y constituye la síntesis de la Cosmovisión Andina.
“La unidad es como la mazorca: si se va el grano se va la fila, si se va la fila se acaba toda la mazorca.” Tránsito Amaguaña, líder indígena ecuatoriana.
Hay puntos de vista divergentes respecto a la obra del ser humano en la Tierra como un ente fuera o como parte de la naturaleza. El ser humano fabrica cosas en las que utiliza materiales naturales y también sintetiza materiales en materiales “nuevos” (o estados, IA, por ejemplo). Cuanto más se aleje de las materias primas, más probable será que se clasifique como “artificial” a los materiales naturales y, por tanto, antitético a la naturaleza o a lo que es natural. Cuanto más “creación” y reforma implica, más cosas se consideran “eliminadas” de la naturaleza, más sintéticas. ¿Es eso contra natura? porque curiosamente no se hace nada que no sea originalmente parte de la Tierra y la naturaleza. Un pájaro hace un nido a partir de materiales recolectados lo mejor que puede y de acuerdo con el diseño que la especie de pájaro sabe hacer gracias a su conocimiento genético. Construimos casas a partir de materiales que recolectamos y convertimos a cualquier forma que queramos que tenga. ¿Quién puede decir que no estamos genéticamente inclinados a cambiar la forma de los materiales que encontramos en la naturaleza en cosas que a primera vista son "antinaturales" como el plástico o el acero, etc.?
Podríamos decir, y de hecho hay muchos que así lo sostienen, que las cosas que creamos mediante el uso de la tecnología no son antinaturales, pero que simplemente están más alejadas de sus estados originales de existencia. Sin intentar brindar una conclusión definitiva, deseo compartir mis reflexiones al respecto y en particular en lo relacionado con la construcción. Considero que ahora más que nunca, necesitamos vernos a nosotros mismos como parte de la naturaleza y responsables de trabajar con ella en lugar de competir con ella o dominarla ya que algunas de las cosas que hemos creado ni siquiera funcionarán o existirán sin el marco que hemos creado para respaldarlas para lo cual necesitamos recursos que rápidamente vamos agotando.
Para esto quiero comenzar resaltando que mi análisis parte desde una interpretación teísta, aunque no necesariamente religiosa. No adhiero aquí a ninguna tradición en particular, ni bien oriental u occidental, de pueblos originarios o nórdicos, el animismo o el panteísmo, ni siquiera monoteísta o politeísta, aunque si me aproximo en el trasfondo. Por consiguiente, alineo con la postura que el diseño y el orden natural proviene de una Inteligencia Espiritual que es capaz de sostener la vida de manera autónoma, perpetuar y mantener la existencia y darle un propósito más allá de la razón humana. Inteligencia de la cual somos parte integrante pero no parte integral. Por lo cual, excepcionalmente llegamos a comprenderla y mucho menos sujetarla bajo nuestros parámetros cognitivos para poder manipularla desmedidamente sin con ello acarrear consecuencias negativas o desconocidas para ella y por consecuencia hacia nosotros mismos. El gran poeta sufí de Irán, Rumi dijo: “Tierra, Aire, Fuego y Agua son criaturas obedientes. Ellos están muertos para vos y para mí, pero vivos en la presencia de Dios.” He aquí que prefiero disolver la línea que distingue entre la materia “inerte” y los organismos vivos. La palabra "inerte" viene del latín iners y significa "inactivo, sin capacidad, sin talento". Sus componentes léxicos son: el prefijo in- (sin) y ars, artis (obra, trabajo). La tierra, el aire, el fuego y el agua tienen arte y capacidad de talento tal como el regenerarse, expandirse e interactuar con el entorno de una manera lógica y hasta consciente. Quizás sea también necesario ir un paso atrás para definir el termino Naturaleza. La palabra naturaleza se toma prestada del francés antiguo y se deriva de la palabra latina natura, o "cualidades esenciales, disposición innata", y en la antigüedad significaba literalmente "nacimiento". En la filosofía antigua, natura se utiliza principalmente como la traducción latina de la palabra griega physis (φύσις), que originalmente se relacionaba con las características intrínsecas de las plantas, los animales y otras características del mundo para desarrollarse por sí mismas. El concepto de naturaleza como un todo, el universo físico, es una de varias expansiones de la noción original. No obstante, a pesar de que se concibe como el nacimiento o la cualidad esencial, rara vez se toma en cuenta a la “naturaleza” como un gran organismo consciente…
La cosmología de la fractalidad nos revela al universo como una sucesión de patrones que se repiten desde lo microscópico hasta la estructura del Universo a gran escala. Un fractal es un objeto geométrico cuya estructura básica, fragmentada o aparentemente irregular, se repite a diferentes escalas y deriva del latín fractus, que significa quebrado o fracturado. Muchísimas estructuras naturales son de tipo fractal. Podemos encontrar la fractalidad espontáneamente en la vida cotidiana: hay muchos objetos naturales que, debido a su estructura o comportamiento, son considerados fractales naturales, aunque no lo parezcan: nubes, montañas, costas, ríos, caracoles, flores, brócoli, las hojas y las ramas de los árboles, etc, etc. Dentro de este contexto los ríos tienen la forma y función de nuestras venas, quienes vierten y transportan nutrientes al resto del cuerpo siendo impulsados por nuestro corazón. De la misma manera que los grandes cerros “laten” año a año de una estación a otra acumulando nieve y subsecuentemente derritiéndola para llenar los ríos y nutrir al resto del cuerpo planetario como un gran corazón. Así, la Tierra es nuestra casa, y nuestra Madre; los árboles plantas y animales nuestros hermanos y los astros los seres regentes de cada movimiento del orden universal. Preciso entonces declarar que, dentro de este contexto, construir nuestras casas y edificios debería ser una manifestación de la fractalidad que siga los patrones del entorno. En la modernidad la regla es construir motivados por la productividad o el desarrollo económico, y como tantas actividades con finalidad productivas y con fines de ganancias económicas, se encuentra divorciada del impacto al medioambiente. Sin embargo, existe la posibilidad de hacerlo como parte de un proceso de conectar con la estructura cósmica desde su geometría, hasta sus elementos (los materiales que utilizamos) y de esa manera buscar la mayor simplicidad, armonía y conexión con la vida/naturaleza de la cual somos parte. La palabra construere está compuesto por el prefijo con- junto a algo, contrario del prefijo dis- usado en destruere, y la palabra latina struere que significa “amontonar”.
Por otro lado, construir procede del latín struo, que significa “disponer en capas sucesivas, apilar o amontonar”. La Bioconstrucción por lo tanto es la práctica de edificar contemplando la vida, los elementos esenciales, el entorno, los seres que la edifican y los que habitan, los seres que viven a su alrededor, las formas orgánicas, la utilización del espacio y la consideración flora circundante, la huella de carbono y el tratamiento de los desechos del proceso constructivo, las energías que se utilizan para iluminar, calefaccionar, cocinar, etc. el tratamiento de las aguas, desde la recolección, uso y desecho hasta el tratamiento de residuos en general. Buscando darle un sentido vivo al espacio habitable ya no como un ser inerte o un amontonamiento de materiales sin vida y hasta tóxicos, sino como otro fractal del universo, una célula armoniosa y no una cancerígena del gran sistema del que forma parte. Un casa viva, un espacio latente, que se expande, uno que tiene la intensión profunda de no destruir. Es posiblemente de allí que los bioconstructores derivamos un placer intrínseco y un sentimiento liberador, hasta sanador, al trabajar con los elementos crudos, libres de procesamiento como la tierra, la paja, el guano, la arena, las piedras, los troncos, etc. para crear con nuestras manos y con herramientas sencillas nuestro propio cobijo. Los materiales en sí mismos tienen propiedades restauradoras a la salud física y mental, mientras que los diseños y técnicas constructivas son también diferentes maneras de trabajar con la naturaleza, con sus formas caprichosas y conectar con sus principios inteligentes.
Construir de manera natural versus la industrializada es algo así como la diferencia entre el karate y el aikido. Mientras el karate se centra más en la ofensiva y la defensa, los principios fundamentales del aikido son: la centralización, la expansión, el control y la esfericidad. Sumadamente, el lema que sustenta el desarrollo de esta disciplina es que “el espíritu es el amo y la mente conduce al cuerpo,” reafirmando el axioma universal de que “el espíritu ordena la materia,” y esto solo se puede conseguir con una acción transformadora. Seguidamente, está el control del centro del contrincante para poder aplicar la técnica, esto significa que nos mezclamos, fluimos, sumamos o nos unimos al otro (la Naturaleza en este caso), de esta manera no le damos opción de resistencia, y no le queda otra alternativa que seguirnos a donde le queremos llevar, y en un alto porcentaje, con la misma energía agresiva que él o ella mismo ha proyectado contra nosotros. De este modo declaro y reafirmo que el acto de construir se vuelva en mi vida una plegaria, una ofrenda y un gesto de humildad hacia la Pachamama que nos da abrigo… Y que los ancestros de cualquiera sea nuestro linaje, nos guíen para encontrar el camino a la simpleza y la sabiduría para que nuestros actos civilizatorios se vuelvan gradualmente regenerativos, amables y armoniosos, teniendo en cuenta al Gran Espíritu en cada una de nuestras decisiones, desde las más significativas hasta las más cotidianas.
Sumak Kawsay
Antonio Iacopino
































